Escuela de Familia

Nuestros Pilares

Uno de los pilares más importante para el Colegio, junto con la Lectio (escucha de la Palabra de Dios) y la Comunidad es la Tutoría.

Los alumnos del Colegio y Uds. los papás escucharán mucho esta palabra, que más que una palabra para el Colegio San Benito es una manera de relacionarnos unos con otros.

Definimos la Tutoría como un encuentro de acogida y amor entre dos o más personas de distinta edad, en donde los mayores, a partir del vínculo, les enseñan a los menores a encontrarse con Jesucristo en torno a la escucha de la Palabra de Dios.

Esta experiencia constituye el eje principal de nuestros colegios. Los tutores van rescatando a sus alumnos y alumnas del anonimato mediante el Amor, y van acompañando a cada uno de ellos en la relación con esta Palabra.

Hay muchos espacios en donde desarrollamos la relación de Tutoría.

Uno de estos espacios, es una hora dentro del horario escolar, donde alumnos mayores desarrollan la amistad y la acogida en grupos pequeños y en un ambiente recreativo. Así, los niños van aprendiendo y se van abriendo a la escucha de la Palabra de Dios, a través de la Lectio Divina.

La Hora de Tutoría es uno de los espacios por el cual nuestros alumnos practican la acogida mutua: “acogeos mutuamente como os acogió Cristo”.

Desde ahí vemos la relevancia del vínculo entre dos personas.

El aprendizaje que se da en esta relación de niños de diferentes edades, es porque hay un interés de parte de los mayores, por entender a los niños, conocerlos y acogerlos.

Esto genera, que los menores miren con ojos ávidos la necesidad por aprender y llegar a ser algún día un Tutor como ellos.

El hecho de ser vistos por un otro mayor que ellos, los hace sentir importantes y vivir un gozo de ser parte de una comunidad y así se van forjando lazos de amistad que los acompañarán siempre.

Creemos también que cada uno de ustedes son tutores de sus hijos.

El vínculo de amor y la seguridad de que ustedes los miran, como únicos, fortalecerá los lazos, que de por sí ya son muy fuertes.

Esta relación de Uds. como padres y tutores, en el más profundo sentido de la Palabra, sienta las bases para el desarrollo de sus capacidades, de sus talentos y los prepara para el aprendizaje y relaciones futuras.

Al mismo tiempo, le brinda seguridad y le ayuda a adaptarse a los cambios.

Las investigaciones definen el vínculo desde tres perspectivas:

  • Disponibilidad frente al niño (a).
  • Receptividad a sus necesidades.
  • Reconocimiento de las acciones e intenciones de ellos.

Los primeros años de vida, son cruciales para definir el estilo vincular y lograr un buen desarrollo posterior en múltiples ámbitos.

Un desarrollo adecuado del vínculo permitiría que el niño/a mantenga relaciones interpersonales sanas, generando un desarrollo social y emocional satisfactorio y positivo.

Esto porque los padres, cuidadores o tutores, actúan como un sistema externo de la regulación interna para que luego éstos vayan adquiriendo gradualmente la capacidad de manejar por sí mismos sus estados internos (Malekpour, 2007).

San Benito en su Regla (Cap. II) nos enseña a relacionarnos adecuadamente con otras personas de la comunidad, rescatando el concepto de autoridad, esta figura que está cada día más desdibujada.

Desde el rol del Abad, persona superior del monasterio, exhorta brevemente al celo y caridad fraterna.

Este Abad nos instruye en nuestro rol como padres, con palabras sabias y certera.

Enseñe con el ejemplo

Por tanto, cuando alguien acepta el título de abad debe instruir a sus discípulos de dos maneras: enseñando todas las cosas buenas y santas, antes con hechos que con palabras.

De este modo a los discípulos capaces les propondrá con palabras los mandatos del Señor y, en cambio, a los duros de corazón y simples les mostrará los mandatos divinos con su ejemplo.

Y, a la inversa, cuanto enseñe a sus discípulos ser perjudicial, demuestre con su conducta que no se debe hacer, no sea que, después de predicar a los otros, lo descalifiquen a él.

Exigente y amable

En su enseñanza el abad deberá observar siempre aquel modelo apostólico que dice: reprende, reprocha, exhorta.

Es decir, mezclando el rigor con la dulzura, según las circunstancias, manifieste ya el afecto exigente de un maestro, ya el afecto cariñoso de un padre.

Resumiendo, a los indisciplinados y rebeldes los debe corregir con mayor dureza.

En cambio, a los obedientes, mansos y sufridos animarlos para que vayan a más. Pero advertimos que reprenda y castigue a los negligentes y despectivos.