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“El Colegio San Lorenzo fue una escuela de vida gigante”
La semana pasada fue el aniversario N°40 del Colegio San Lorenzo, que nació a partir de un llamado que sintió en sus últimos años de universidad Magdalena Salazar V., oblata manquehuina y educadora del Área de Formación del CSB. Conversamos con ella para conocer cómo fue ese proceso y cómo impactó su vida.
¿Cómo nació el proyecto del San Lorenzo?
Estaba terminando la universidad y sentía que tenía una vocación muy grande hacia lo social y la búsqueda espiritual. Quise formar un colegio para personas de escasos recursos, para compartir la experiencia de Dios y la buena noticia del Evangelio. Empecé a soñar todas las noches con el proyecto. Me junté con Mary-Ann Kramer y nos pusimos a trabajar.
¿Cómo partieron?
Empezamos a recorrer colegios para conocer distintas experiencias. Conversamos con María Luisa Vial, fundadora de colegios católicos subvencionados con alta calidad académica, y vinimos a conversar con José Manuel Eguiguren. Descubrimos que el Movimiento estaba trabajando desde hacía varios años en el campamento Guanacos en Conchalí, y ahí le contamos la idea al alcalde, quien nos prestó una sede social. Empezamos a conseguir recursos para arreglarla y tener dos salas de clases y una oficina.
¿Qué anécdotas tienes de ese tiempo?
Fernando Bianchi, un papá del CSB que era aviador, prestó un avión para tirar panfletos en la comuna para que llegaran familias.
¿Cómo funcionaba el colegio? ¿Cuál era tu rol?
Empezamos a funcionar en marzo de 1986 con 60 niños, dos profesoras y una técnico en párvulos. Mario Canales estaba medio día y con la Mary-Ann nos quedamos todo el día. Ella veía adecuaciones curriculares y yo estaba muy vinculada con las familias, fui la primera directora. Los niños fueron como mis primeros hijos. Después fundamos el Área de Familia, de la que estuve a cargo por 20 años. Y en 2010 fundamos Santa Escolástica, que ha sido un espacio de cobijo realmente increíble.
¿Cómo impactó el CSL en tu vida?
Fue una escuela de vida gigante. Yo era muy cercana a los niños, a las mamás y a las familias. Me marcaron especialmente algunos niños con vidas familiares muy difíciles. Es imposible perder la fe en Dios al ser testigo de una experiencia así. Cuando a uno le toca enfrentarse a cosas grandes siendo tan pequeño – en edad, en capacidades-, uno aprende que Dios va actuando y dotando a quienes elige. El San Lorenzo es un milagro de Él y ha marcado a generaciones.
Cuéntanos de ti…
Soy casada, tengo siete hijos y 10 nietos menores de siete años. Ahora estoy muy dedicada a ellos, soy una abuela muy feliz. Mi gran hobby es el jardín y también tejo a crochet.
¿Hay algo más que quieras compartir?
Todo este camino, tanto el familiar como en el San Lorenzo, ha ido acompañado de mi camino en el Movimiento, de una riqueza muy grande. Fueron tres caminos que nacieron y crecieron juntos, muy mezclados y alimentados mutuamente. Me siento privilegiada de beber día a día de la fuente de vida que es el Evangelio, de poder ordenar mi vida desde San Benito, con esta mezcla de la oración, la vida, el trabajo, la familia, siempre con Dios al medio y acompañada de una comunidad. Ser oblata es para mí un regalo gigante para vivir la vida muy acompañada de una comunidad que me va mostrando un camino.